Laura Ferro 

Atrapada en el laberinto del «hacer» en el que tantos nos perdimos hace tanto, fui pasando por variadas formaciones, algunas universitarias y otras más alternativas, que me fueron colocando en el camino de autodescubrimiento, de vuelta al Ser, que transito desde hace años. Y si algo he aprendido, paso a paso, es que esa paradoja de avanzar hacia el regreso es, en realidad, un proceso de pérdida, sin piedad, que te va deshilachando, desdibujando y despojando de todo lo que creías ser, de todo lo que no eres.

Mecida por ese vaivén del continuo morir y renacer, hace justo un año tomó vida en mí la decisión de salir del miedo de una vez por todas. A partir de ahí, en un entrelace mágico de impulsos, señales y sincronías, todo empezó a rodar y a acelerarse de una manera vertiginosa. Dejé Sevilla y la Vida me instaló en un trocito de paraíso, cerca de Mijas, en Málaga, donde iba a ser invitada a dejarme caer en el Vacío absoluto del «no saber».

           

A pesar del ruido generado por la mente inquisitiva, se fue activando en mi interior el recuerdo de la conexión con los Delfines, de la mano de Sheila, el puente de amor entre mi camino y el de estos increíbles Seres de Luz que venían a transmitirme el regalo de una serie de protocolos y técnicas que son los que hoy conforman el Método de Terapia Delfínica. Un método que, antes de ofrecer a otros, ha pasado por mí como un tsunami: por mi cuerpo, por mi historia, por mis miedos, mis resistencias y mis heridas, dejándome lo suficientemente vacía y desestructurada como para poder sostener la potencia y la pureza de las frecuencias y de los mensajes de los Delfines

Llegados a este Ahora, siento que todo ha servido, que todo ha valido la pena y, sin embargo, que nada vale ya, que todo sobra. Sí, me formé, viajé, trabajé, creí ser filóloga, profesora, escritora, terapeuta holística, buscadora… Pero hoy, por fin, entrando más y más en este nuevo vacío de Silencio, me dejo desnudar de títulos y de etiquetas; me dejo vaciar de historias y de pronombres personales Y me permito descansar en el reconocimiento de que no hay que buscar lo que nunca se ha perdido en realidad.

Desde ahí, con inmenso honor y agradecimiento, comparto este método de Terapia Delfínica con todos los que sientan la llamada de contactar con estos maravillosos Seres. Y lo hago convencida de que recibirán, igual que recibí yo, la fuerza para salir del pasado, del miedo y de la mente, y la guía para dejar de anhelar el Regreso a Casa y reconocer que ya somos Vida, que ya somos Ser, que ya somos Amor, que ya somos Eso que llevamos tanto tiempo buscando.